Maltrato en edad avanzada.

Entre un 4% y un 5% de los españoles mayores de 65 años sufre algún tipo de violencia.

El maltrato en ancianos supone un grave problema socio-sanitario.

Las personas de edad avanzada componen un colectivo que puede verse sometido a situaciones de abuso, desprotección y violencia.

La Organización Mundial de la Salud (OMS), en su informe del año 2002, cifraba entre un 4% y 6% los ancianos que declaraban haber sufrido malos tratos. En EEUU, diez de cada mil habitantes sufren maltrato cada año, según el National Centre Elder Abuse. En nuestro país hasta casi un 5% de los ancianos recibe ayuda por haber sufrido violencia doméstica. Pese a que las cifras se estiman a la baja (algunos autores señalan que existe efecto iceberg, ya que sólo se notifican uno de cada seis casos), el maltrato aparece cada día con mayor incidencia aprovechándose de la situación de vulnerabilidad que comporta ser anciano.

Datos nacionales

El maltrato, abuso o negligencia hacia los ancianos, en instituciones o en el domicilio, no es un problema nuevo. En el Estudio del Defensor del Pueblo sobre la atención socio-sanitaria en España (Madrid, 2000) se recomienda, de acuerdo con el informe elaborado por la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología, incrementar la protección legal de las personas mayores frente a los malos tratos.

En concreto, se tipifica con mayor concreción aquellas acciones que suponen maltrato a las personas de edad avanzada. La reforma del Código Penal, operada por la Ley Orgánica 11/2003, de 29 de septiembre, de medidas concretas en materia de seguridad ciudadana, violencia doméstica e integración social de los extranjeros, especifica como posibles sujetos activos del delito de maltrato habitual a las personas que por su especial vulnerabilidad se encuentran sometidas a custodia o guarda en centros públicos o privados, en una clara referencia a las personas mayores, y también a los menores, que se encuentran institucionalizados.

La víctima suele ser una mujer mayor de 75 años, con deterioro psicofísico y funcional, con trastornos de conducta asociados y socialmente aislada

Entre un 4% y un 5% de los españoles mayores de 65 años sufre algún tipo de violencia, e incluso hay especialistas que elevan este porcentaje al 8%. Pero la verdadera dimensión de este problema aún es desconocida debido, por un lado, a la dependencia y la vergüenza que impiden formular las denuncias y, por otro, la falta de conciencia sobre lo que significa el maltrato. Una de las últimas investigaciones realizadas sobre este fenómeno está firmada por María Teresa Bazo, catedrática en Sociología de la Ancianidad de la Universidad del País Vasco.

Los datos son angustiosos: en el 68% de los casos se observó negligencia en el cuidado físico; en el 46% faltas en el cuidado afectivo y en el 10% maltrato físico. El maltrato psicológico-emocional se registró en el 32% de las situaciones, el material en el 17% y el sexual en el 1%.

Las agresiones físicas que reciben las mujeres, el 11%, son el doble que las que sufren los varones (5%). El maltrato psicológico y emocional es muy superior entre las ancianas, con un 36%, frente al 15% de los varones mayores. También el denominado abuso material, como la intervención en las cuentas bancarias o la apropiación de objetos y propiedades, es cuatro veces superior en las mujeres al que padecen los hombres mayores. El perfil de la víctima suele ser el de una mujer mayor de 75 años, con deterioro psicofísico y funcional, con trastornos de conducta asociados a enfermedad mental y socialmente aislada.

También son muchas las categorías de maltrato, desde la infantilización, despersonalización y deshumanización, y sus formas de violencia, ya sea por abuso físico, sexual, psicológico, financiero, por omisión de cuidados, abandono, vulneración de derechos y un sinfín de maneras, que cada vez son más comunes las instituciones socio-sanitarias (los datos extraídos del Foro Internacional de ONGs sobre envejecimiento revelan que el 48% de ancianos maltratados en el seno de la Unión europea estaban institucionalizados). Ante tales cifras, los expertos consideran que la atención a los cuidadores de personas mayores, sobre todo en el seno de la familia, puede contribuir en gran medida a evitar situaciones de malos tratos.

PERFIL DEL MALTRATADOR

El maltratador, según un informe elaborado por Unión Democrática de Pensionistas y Jubilados, UDP, y la Obra Social de Caja Madrid, suele ser aquella persona que está encargada de cuidar, velar o proteger a la persona mayor.

En este sentido, las estadísticas reflejan que en el 12% de los hogares de nuestro país hay, al menos, una persona que atiende a otra que tiene una edad avanzada, y que 9 de cada 10 cuidadores no cuenta con ayuda profesional ni institucional en la provisión de los cuidados para mayores en situación de dependencia.

El perfil de estos cuidadores se corresponde con el de una mujer mayor de 55 años que dedica más de 12 horas diarias a esta labor, sin recibir remuneración económica y sin formación alguna sobre esta tarea. Según datos disponibles, el maltratador es una persona con una baja autoestima que externaliza su culpa y frustraciones sobre terceros. Aunque el abuso puede ser intencionado o no intencionado, es decir, el agresor puede tener conciencia de que está haciendo daño a su víctima o no tenerla.

Suelen presentar un temperamento explosivo y son incapaces de controlar sus impulsos y su ira. Normalmente, entre el maltratador y la víctima existe un historial de demanda y necesidades insatisfechas.

Según expertos en geriatría, es más apreciable la dependencia económica o de hábitat del maltratador que la de la víctima.

Respecto al tipo de abuso infringido, el físico y financiero están más vinculados con la dependencia del maltratador, y el psicológico y la negligencia con el estrés del cuidador. Cuando existen situaciones de abuso físico, el consumo de alcohol y una relación conflictiva previa es un factor de riesgo importante.

Hijo y adulto son características comunes del maltratador más frecuente. Así, son los hijos, yernos y nueras los que cometen el mayor número de malos tratos contra las personas mayores. En un 55 % de los casos se trata de hijos, biológicos y políticos, en un 12% de cónyuges, en un 7% un hermano y en un 25% otras personas.

Sobre la pista

Los indicadores de que existen malos tratos dependen del tipo de abuso que se infrinja. Los síntomas y signos de maltrato son muy variados y se presentan de diferentes formas.

Cuando existe negligencia física y omisión de cuidados, los signos se traducen en un mal estado higiénico y descuido, sobre todo si se contrastan con el aspecto de quién acompaña al anciano.

Desnutrición y deshidratación sin causa patológica aparente, ropa en mal estado general o mal olor penetrante, suelen ser algunas de las características más obvias.

El abuso psíquico se da en aquellas situaciones en que el anciano recibe amenazas por parte de su cuidador, ya sean de abandono o de institucionalización. Esto se traduce en alteraciones emocionales de la víctima como depresión, confusión, ansiedad, pérdida de autoestima o nerviosismo. También es habitual que el anciano presente actitudes instintivas de defensa y extrema cautela frente al cuidador. En los casos de negligencia psicológica, el cuidador trata al mayor con una relación de total indiferencia y le niega la posibilidad de relacionarse con otras personas.

En los casos de negligencia psicológica, el cuidador trata al mayor con una relación de total indiferencia y le niega la posibilidad de relacionarse con otras personas

Una adecuada investigación social puede llevar a sospechar que se está manipulando las pertenencias o patrimonio del anciano. Este supuesto nunca es fácil de detectar y, a veces, es necesario adoptar medidas de carácter judicial. Habitualmente, los servicios sociales detectan estos casos cuando el mayor es llevado de forma frecuente a los servicios de urgencias, con exacerbaciones de su enfermedad crónica a pesar de disponer de los recursos e información adecuada por parte del cuidador, con una demora en la demanda de atención médica y los facultativos observan una administración inadecuada de los fármacos, tanto en dosis infraterapeúticas, por toxicidad o el empleo de fármacos psicotropos sin la prescripción médica.

PREVENCIÓN DEL MALTRATO

La prevención de estos actos, sean violentos o de negligencia, puede conseguirse siempre que se conozca el contexto y las circunstancias de aparición de maltrato; eliminando los factores de riesgo y favoreciendo un ambiente adecuado y el apoyo necesario para el anciano y sus cuidadores. El maltrato puede producirse en cualquier contexto social, desde el domicilio familiar hasta las residencias de mayores.

Según estadísticas del Instituto de Mayores y Servicios Sociales, IMSERSO, habitualmente la persona maltratada recibe más de un tipo de maltrato y será maltratada más de una vez. Este maltrato, sin la actuación adecuada, siempre empeora, y casi nunca representa un caso aislado. Se estima que la recurrencia es del 80% y, además, los datos revelan que sin actuación también aumenta la mortalidad.

Desde sectores sociales y sanitarios se han elaborado diversos programas para combatir los diferentes tipos de maltrato en las personas de edad avanzada. Estas actividades van encaminadas, fundamentalmente, a crear campañas de sensibilización del problema, promoción del respecto y la dignidad y a la protección de los derechos de las personas mayores.

En algunos países se han formado las Unidades de Alerta a fin de educar a los usuarios y ofrecer recursos que permitan romper la dependencia entre maltratador y maltratado. Los expertos recalcan, puesto que es un problema social que afecta a toda la comunidad, la necesidad de intervenir de forma global, es decir, sobre los profesionales de salud, los cuidadores informales, la educación de los mayores, de los hijos y del conjunto de la ciudadanía, de forma que puedan reconocer los indicadores típicos de maltrato y las ayudas que están disponibles.

La ley española determina la obligación ética de todos los ciudadanos a notificar a las autoridades los casos de sospecha. Los profesionales de salud y los trabajadores sociales también tienen el deber de identificar y actuar en los casos que exista una sospecha razonable de maltrato. En relación al maltrato institucional, en residencias, existen factores concretos que deberán ser evaluados.

Los especialistas abogan por que el espacio institucional sea más abierto, con horarios de visitas flexibles y, sobre todo, donde las prácticas institucionales no desvaloricen ni al anciano ni al personal que se ocupa de su cuidado. El personal deberá ser instruido sobre como tratar a pacientes poco colaboradores y con problemas de conducta, aparte de las técnicas habituales, como movilización, higiene y alimentación, entre otras.

 

 

Saludos.

 

 

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